Jesús María Corman

Melancholia

14/10/2020 - 29/11/2020

Cuando comencé a trabajar en el proyecto Melancholia -hace más de dos años- no era ni pretendía ser un proyecto de exposición. Como todos los aspectos más intensos del proceso creativo, la vida de estas pequeñas piezas comienza de una forma casual, con naturalidad, ante la fascinación que me producían los retratos fotográficos que se produjeron, en las épocas Victoriana y Edwardiana, inglesas, de las clases altas, y que empecé a descubrir casi por azar en la red. Por un tiempo, estuve rastreando y recopilando en bancos de imágenes de todo tipo, y rescatando para mi colección particular, aquellas que producían en mí un efecto de llamada, como de hechizo, sin analizar las razones -si existían- que me hacían decantarme por unas y descartar otras. Esta búsqueda alcanzó un punto febril: la idea de que el retrato más subyugante aún estaba por aparecer, no me abandonaba nunca. 

Creo que el paso del tiempo me dio algunas respuestas: sólo rescataba aquellas que, de un modo u otro, me generaban perturbación como espectador. Y para ser más exactos, el vínculo que se establecía entre la mirada del fotógrafo, la del personaje retratado, y la mirada de quien contemplaba sus miradas. 

A lo que en un primer momento fue sólo una recolección de imágenes con unas características concretas, pronto sentí la tentación de intervenir en la imagen a través de la pintura. El objetivo era otro que el del mero coleccionista, pero igualmente obsesivo: generar, a partir de un retrato de mirada perturbadora, que me llegaba desde un siglo atrás, otro retrato distinto, igualmente perturbador, generado en el presente. Comencé a relacionar al lenguaje del retrato fotográfico original, el lenguaje de la pintura -un lenguaje abstracto, contemporáneo, producto del azar- tratando de que su resultado fuera tan inquietante como el original. Y más tarde, cuando estas intervenciones pictóricas se habían convertido en un verdadero proyecto, acabé decantándome exclusivamente por los rostros femeninos.

Conocer alguna de las historias que encerraban estas fotografías victorianas, contribuyó a que, el puente que trataba de tender entre pasado y presente, doblase el carácter desasosegante de estas pequeñas obras. Baste como ejemplo el caso de Blanche Monnier, cuya biografía -aterradora- es la de una joven, hija de una acomodada y respetada familia de Poitiers que, a la edad de 25 años, anuncia su intención de casarse con un abogado, que no era del agrado de su madre. Y en vista de su obstinación, y su negativa a desistir de sus intenciones, es encerrada por su propia madre en una habitación vacía y pequeña de la casa por los siguientes 25 años, mientras su familia fingió llorar su desaparición y continuó con su vida cotidiana, con la complicidad del servicio doméstico. 

Casos como el anterior, como he dicho, puede que aparezcan latentes en los rostros de estas mujeres del pasado. Enigmas siniestros enquistados la belleza atemporal de sus protagonistas.

En cada una de las piezas que componen esta exposición hay muchos intentos de interacción, que en la mayoría de los casos descartaba por no resultarme su resultado lo suficientemente conmovedor. Pero, aun así, seguía insistiendo, hasta que llegar a un punto de equilibrio entre el hechizo de la imagen original y un nuevo hechizo que a mí me resultaba desasosegante. Un puente, un atajo, un pliegue en el tiempo que superpone dos maneras de mirar, o tres, en el mismo plano de representación.

Esta exposición es precisamente eso: un cruce de miradas entre pasado y presente. Un intento de construir una forma de mirar en el que lo inquietante del resultado funcione como una llamada, como un potente imán del cual es imposible deshacernos.

NOTA BIOGRÁFICA

Jesús María Cormán (Pasaia, 1966) es pintor, poeta, narrador y letrista musical. Estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco (1984-86). Ha obtenido numerosos reconocimientos, tanto en el ámbito de las Artes Plásticas como en Poesía y Narrativa. 

Su obra poética se recoge en los siguientes volúmenes: Poemas de octubre (Editorial Bermingham, San Sebastián, 1985), Dioses de cardenillo (Editorial Bermingham, San Sebastián, 2002), Unidad del dolor (Editorial Bermingham, San Sebastián, 2005), El Caníbal (Editorial Celya, Toledo, 2008), Gabinete de crisis (Diputación Foral de Guipúzcoa, San Sebastián, 2008), Bajo cero (Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2010), Formas de vida y muerte (Ayuntamiento de Cuenca, 2010), Peligro, perros sueltos (Editorial Vitruvio, Madrid, 2013), Hotel Danilovsky  (Editorial Bermingham, San Sebastián, 2014), La leña helada (Editorial Baile del Sol, Tegueste, 2015), y Hay una sombra que nunca se apaga (Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2018.)

Ha escrito letras para diferentes artistas, pero su principal aportación en este campo ha sido junto al músico Mikel Erentxun –componente de Duncan Dhu- con quien ha compuesto más de cien canciones, repartidas en once discos.

Su obra pictórica –que firma como Jesús María Cormán y Jesús Mansé– forma parte de importantes colecciones, y ha sido mostrada al público en más de sesenta exposiciones individuales, y otras tantas colectivas, en diferentes ciudades españolas y europeas. Así mismo, ha estado presente en distintas ediciones de las ferias de arte contemporáneo ARCO, Art Madrid, Art Cologne, Expo Chicago, y Affordable Art Fair de Hong Kong.

Desde 2018, y simultáneamente a sus proyectos personales, forma parte del colectivo artístico Black Twins, junto al artista Diego Vasallo, con el que ya han comenzado a mostrar su trabajo al público.