Angel Ispizua

 Frente al mar

14/09/2021 - 24/10/2021

¿Qué es en definitiva el mar?

¿Por qué seduce? ¿Por qué tienta?

Suele invadirnos como un dogma y nos obliga a ser orilla.

MARIO BENEDETTI

 

Se diría que estas líneas del poema de Mario Benedetti inspiraron a Angel Ispizua cuando hace 2 años empezó a tomar esta serie de fotografías. Experto nadador y buceador, sumergido en las aguas marinas desde su infancia, en esta ocasión se queda en la orilla, frente al mar, fascinado por el ir y venir de los deportistas, de los juegos infantiles, de los paseantes que, con los pies en el agua, recorren la playa de un lado a otros. Comparte con todos ellos, con todos nosotros, esa atracción que nos hace volver una y otra vez a la playa, a la orilla.

El hecho es que haga el tiempo que haga, la playa siempre está habitada. En estas fotografías, tomadas a lo largo de la costa cantábrica, vemos a padres que ayudan a sus hijos construyendo castillos, jugando con balones en la arena o con la tabla en el agua; niños correteando o realizando asombrosos ejercicios gimnásticos; pequeños grupos de hombres y mujeres de pie, charlando plácidamente, en la orilla o alejados de ella. También tumbados en sus hamacas, algunos leyendo, otros dormitando, pensando o con la mirada puesta en los demás o en el entorno; paseantes, en solitario o en grupo, con indumentaria diversa, desde los que van con provocativos bañadores hasta los más recatados que llevan la mayor parte de su piel cubierta. Podemos ver también variedad entre quienes han ido con una simple toalla en su bolso, y quienes han montado un buen campamento en el que parece que no falte de nada. Y los deportistas. Bañistas, desde los que entran en el agua con el ánimo de jugar o tan sólo de refrescarse tras permanecer largo rato al sol, hasta los más disciplinados que miden su práctica de cara a futuras competiciones. Nadadores que además de practicar su deporte, observan desde la orilla las evoluciones de sus amigos y compañeros, al igual que los surfistas, para quienes independientemente de la época del año, cualquier momento del día es bueno para coger olas. Y sin abandonar en ningún momento su visión frontal del mar, Ispizua ha ido acercándose cada vez más al agua, y ha captado con más atención a estos deportistas en su entrada y salida del mar al ritmo de las olas.

Esto es lo que vemos en estas fotografías cuando miramos a las personas que salen en ellas, pero hay muchas otras de las que sólo vemos su rastro, lo que nos lleva a pensar que habrá muchas más de las que no vemos ni tan siquiera eso. Y esto tiene que ver con una de las características más destacables de la fotografía, que la hace única y la diferencia de otras disciplinas: la de detener el tiempo. Detenerlo en el sentido de poner de manifiesto el paso del tiempo, como testimonio de los cambios, pero también el que refleja la fugacidad de nuestra existencia. En este caso, y siguiendo con la práctica que inició en su anterior trabajo, al retratar grupos de personas en lugares masificados, Ispizua ha determinado un segundo de exposición en la toma, lo que le permite registrar lo que sucede en ese pequeño espacio de tiempo con la plasticidad deseada, pero además, subraya con esta decisión técnica su idea de representar lo efímero y perpetuo del tiempo.

 

Jesus mari Sarasua

Comisario de la exposición