Juan Muguruza

El mar protector

29/06/2022-07/08/2022

 

“En  el siglo XX, era el individuo el que acudía a la terapia; en el siglo XXI, el paciente que sufre el derrumbamiento es el propio Mundo (…). Nuestros edificios están anoréxicos, nuestras empresas paranoicas, nuestra tecnología neurótica…” declara Robert Sardello. 

Y así es la verdad. El ser humano se pierde. Su actual dogma de fe, el progreso, erosiona el panorama de tal modo que nuestros ojos ya no ven la inmensidad. Un bosque de pantallas nos circunda y en ellas aparecen paisajes diminutos o mares encogidos. Sus flashes y technoruidos, para colmo, nos impiden practicar la observación que para percibir el alma del mundo es necesaria porque ella solo se deja ver en los detalles, en el silencio y en la amplitud. No otra cosa sino el alma universal contemplan las personas sentadas en paseos marítimos con la mirada aparentemente perdida. No otra cosa les depara el bienestar que sienten sino el alma del mundo. 

Juan Muguruza es un profesional de la observación y su arte nos devuelve a la casa verdadera. El sabe que en las profundidades habita el misterio. Que el mar es el origen de la vida en casi todos los mitos y que es siempre cambiante, porque está vivo. Su placidez a veces es geométrica y allí danzan los delfines. Otras veces, su fuerza resulta pavorosa y harto más allá que la suma de todos los monstruos. Pero siempre es el mar y Juan lo navega con su mirada hasta encontrar la fotografía justa, la belleza y el destello que recuerda nuestro parentesco arcano, puesto que todos somos hijos de la mar.

No en balde, toda la vida de Juan Muguruza ha transcurrido cercana a la costa y los veranos de Zarautz, desde que casó con Begoña, han protagonizado buena parte de su observación marina. Sus fotos han requerido años a veces. Otras, no menos fruto de la búsqueda, han parecido ser instantáneas. Yo soy testigo de ese trabajo desde hace unos sesenta años. Le he visto rescatar  con su mirada seres inorgánicos que ha dejado el ser humano, embellecidos por el tiempo y que ya son menos del ser humano que del mar. Eslabones enormes que todo lo sugieren o pecios perfeccionados por el azar, que quizá hayamos visto pero no mirado hasta hoy. Y le he visto fotografiar el alma del mundo en los giros del agua sobre la arena y en las huellas dactilares de Gaia que dicha danza conforma. La atención a los detalles, el ver a través de las grietas en el tiempo o el horizonte salvífico, son algunas de las propuestas que, como Manuel Machado, del mar protector nos deja aquí Juan Muguruza. “….para mi amarga vida fatigada… ¡el mar amado, el mar apetecido, el mar, el mar, y no pensar en nada!”  

 

RAFAEL TRÉNOR